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28.09.26

Discurso del director del IES y presidente de la Fundación Aguilar y Eslava en la apertura de curso 2026-2027

En la solemne apertura de curso celebrada como es costumbre en el histórico patio de cristales de nuestra fundación e instituto, Salvador Guzmán Moral pronunció estas palabras que compartimos desde aquí con todos vosotros.

DISCURSO DEL DIRECTOR
ACTO SOLEMNE DE APERTURA DEL CURSO 2026/2027
Ilustrísimo Señor Alcalde de Cabra, don Fernando Priego Chacón, Ilustrísimo Señor don Francisco P. Sánchez Zamorano; Sra. Vicedirectora del Centro, Dª Alicia Granados
Camacho; claustro de profesorado; patronos de la Fundación Aguilar y Eslava; alumnos y alumnas; distinguidas familias; antiguos alumnos; amigos todos.
Bienvenidos al IES Aguilar y Eslava y gracias por acompañarnos en este Acto Solemne de Apertura del curso académico 2026/2027.

Permítanme comenzar expresando nuestro reconocimiento al alcalde de Cabra, don Fernando Priego Chacón, cuya presencia en este acto nos honra y cuya permanente atención a las necesidades de este Instituto queremos agradecer públicamente.
Sabemos que detrás de esa cercanía y de esa disposición siempre atenta hay un compromiso con la educación y con esta institución que valoramos profundamente.

El Ayuntamiento, el IES Aguilar y Eslava y su Fundación compartimos una misma responsabilidad: trabajar por Cabra y, muy especialmente, por sus jóvenes.

Quiero agradecer también la presencia de todos los que nos acompañais. Porque un acto como este adquiere su verdadero sentido cuando reúne a quienes forman parte de nuestro
presente, pero también de nuestro pasado y de nuestro futuro.

Hoy no abrimos solamente un nuevo curso escolar. Abrimos un nuevo capítulo de una historia que va camino de cumplir 350 años. Y esta circunstancia no puede ser para nosotros un simple dato histórico. Es, sobre todo, una responsabilidad.

Cada comienzo de curso, cuando las aulas vuelven a llenarse y los pasillos recuperan sus voces, se produce algo que puede parecer cotidiano, pero que encierra una enorme
trascendencia: nuevos alumnos entran en contacto con una institución que los precede y que seguirá existiendo cuando ellos la hayan abandonado.

Eso es lo que hace especial a un Instituto como el nuestro. Aquí el tiempo no se mide únicamente en cursos académicos. Como titulaba acertadamente una crónica periodística:
«En el Instituto Aguilar y Eslava, la Historia asiste a clase».

Generaciones de alumnos, profesores, familias y antiguos alumnos forman parte de esta historia común. Una comunidad que recibe una herencia y tiene el deber de
entregarla a quienes vendrán después.

Por eso, cuando hablamos del valor patrimonial del Instituto y de la Fundación Aguilar y Eslava, no hablamos únicamente de los bienes materiales y documentales que debemos conservar y que conservamos en nuestros archivos y en nuestro Museo.

Hablamos también de un patrimonio simbólico y sentimental; quizá más intangible, pero no por ello menos valioso, que forma parte de la memoria y del imaginario colectivo de esta
ciudad.

Porque el Instituto Aguilar y Eslava no es solamente una institución educativa. Está presente en los recuerdos de muchas generaciones, en historias familiares, en las
experiencias de quienes pasaron por sus aulas y en el recuerdo compartido de una comarca que ha crecido y se ha transformado junto a este centro.

Y, sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, sigue
teniendo plena vigencia, porque uno de los retos
fundamentales de la educación continúa siendo el mismo:
ENSEÑAR…
Enseñar a conocer, enseñar a pensar, enseñar a convivir y
ayudar a cada persona a descubrir aquello que puede llegar a
ser.
Lo que ha cambiado son las herramientas, los contextos y los
desafíos. Y ante esos cambios, nuestra obligación como institución
educativa no es permanecer inmóviles. Es AVANZAR.
Avanzar no significa renunciar a lo que somos. Significa poner
nuestra experiencia y nuestros valores al servicio de los
nuevos tiempos.
El curso pasado fue especialmente significativo en este
sentido. La puesta en marcha del Aula del Futuro representa
esa voluntad de renovación: un espacio donde tecnología,
creatividad, experimentación y trabajo cooperativo se ponen
al servicio del aprendizaje.
En educación, cualquier herramienta tecnológica tiene sentido
cuando ayuda a un alumno a hacerse preguntas, investigar,
crear, equivocarse, volver a intentarlo ....
Porque educar no consiste en acumular información.
Consiste en aprender a utilizar el conocimiento para
comprender el mundo y transformarlo responsablemente.
También este curso pasado hemos querido fortalecer nuestra
dimensión científica. La recuperación de la figura de Juan
Carandell, en el marco del centenario del XIV Congreso
Geológico Internacional de 1926, nos ha permitido volver la
mirada hacia un profesor e investigador y recordar una
tradición científica que también forma parte de la identidad
del Aguilar y Eslava.

Resulta especialmente significativo comprobar cómo aquella
mirada científica puede dialogar hoy con nuestros planes y
proyectos educativos.
El pasado curso, nuestro alumnado destacó en certámenes,
actuaciones, concursos, torneos de debate, experiencias
internacionales y tuvo además la oportunidad de representar
al centro en la 24.ª Feria de la Ciencia de Sevilla, como uno
de los pocos centros seleccionados en Andalucía para
participar en el espacio oficial de la Consejería de Educación
de la Junta de Andalucía.
Todo ello nos demuestra algo importante: no hay
contradicción entre tradición e innovación.
La verdadera innovación nace muchas veces de conocer lo
que otros hicieron antes que nosotros.
Por eso queremos que nuestros alumnos conozcan este
legado, pero también que investiguen; que conozcan nuestro
patrimonio, pero que sean capaces de crear; que aprendan
nuestra historia, pero que sean protagonistas de la que está
por escribir.
Y queremos hacerlo desde la exigencia y desde la confianza
en sus posibilidades.
Los excelentes resultados obtenidos por la última promoción
de Bachillerato constituyen una muestra del esfuerzo de
nuestro alumnado y del trabajo de profesores y familias.5
Pero detrás de cada buena calificación hay mucho más: horas
de estudio, constancia, acompañamiento, confianza y
capacidad para superar dificultades.
Por eso, cuando hablamos de excelencia, no queremos
referirnos únicamente a quienes alcanzan las notas más altas.
Queremos hablar también de quien consigue superar sus
propias dificultades, de quien aprende a leer mejor, de quien
comprende aquello que antes parecía imposible, de quien
descubre la ciencia o el arte, de quien aprende a trabajar con
otros y de quien, después de errar, encuentra la fuerza para
volver a intentarlo.
Eso también es: excelencia.
Y ahí se encuentra uno de nuestros principales compromisos
para este nuevo curso: conseguir que cada alumno y cada
alumna pueda desarrollar al máximo sus capacidades,
independientemente de cuál sea su punto de partida.
Porque una educación de calidad no es solamente la que
ofrece oportunidades a quienes ya las tienen.
Es, sobre todo, la que consigue abrir oportunidades a quienes
más las necesitan.
Educar no es solamente preparar para una profesión; es
preparar para vivir con los demás.
Por eso, junto a las matemáticas, la lengua, la historia, la
física, el arte o la tecnología, nuestros alumnos tienen que
aprender algo imprescindible para su vida: el RESPETO.
Respeto a quien piensa diferente.
Respeto a quien es diferente.
Respeto a las normas que nos hemos dado.
Respeto a los espacios que compartimos.
Respeto a la palabra del otro.
Y, sobre todo, respeto a la dignidad de cada persona.
Queremos seguir avanzando en una cultura de convivencia
basada en la prevención, el diálogo y la responsabilidad.
De ahí que la educación sea una tarea que nos compromete a
todos: a los docentes, porque nuestra responsabilidad es
enseñar y acompañar; a las familias, porque la educación
comienza antes y después de que el alumno entre en un aula;
y a las instituciones, porque la educación necesita del
compromiso y el apoyo de toda la sociedad.
En el Instituto Aguilar y Eslava creemos en esta
responsabilidad compartida: ayudar a cada joven a
convertirse no solamente en un buen estudiante, en un buen
profesional, sino en una buena persona y en un ciudadano
responsable.
Y quizá por eso tiene hoy un significado especial que la
persona que nos acompaña para pronunciar la Lección
Inaugural conozca tan bien estos principios.

Porque no es un conferenciante al uso, ajeno a nuestra
historia. Sin duda, es parte de ella.
Don Francisco de Paula Sánchez Zamorano es antiguo alumno
de este Instituto y en 2009 fue distinguido como Alumno
Benemérito del Instituto-Fundación Aguilar y Eslava por sus
méritos humanos, académicos y profesionales.
Su trayectoria en la carrera judicial comenzó en 1982 y le
llevó por distintos destinos hasta incorporarse a la Audiencia
Provincial de Córdoba, donde ejerció como magistrado de su
Sección Tercera y posteriormente como Presidente de la
Audiencia Provincial, entre 2014 y 2025.
Hoy, Francisco P. Sánchez Zamorano desempeña otra
importante responsabilidad. Desde julio de 2025 es director
de la Oficina Andaluza contra el Fraude y la Corrupción, una
institución de derecho público, adscrita al Parlamento de
Andalucía y cuya misión es prevenir y combatir el fraude y la
corrupción, promover la integridad y las buenas prácticas en
la gestión pública y proteger los intereses públicos de
Andalucía.
Una responsabilidad que guarda una especial coherencia con
su trayectoria profesional: después de más de cuatro décadas
en la carrera judicial y de haber ejercido durante casi once
años como presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba.
Una responsabilidad estrechamente relacionada con la
defensa de la legalidad, la integridad y el interés público.8
Pero su trayectoria no se limita al ámbito judicial.
Ha desarrollado también una importante actividad docente,
investigadora y divulgativa, vinculada, entre otras
instituciones, a la Universidad de Córdoba, y es autor de
numerosas publicaciones jurídicas.
Y tiene, además, otra faceta que para nosotros tiene un
significado muy especial: la literatura.
Francisco P. Sánchez Zamorano ha construido una prolífica
obra literaria que abarca la poesía, la novela y el relato corto.
Entre sus libros encontramos

Rueda de máscaras,
Luz furtiva,
Los latidos del alba,
Los latidos del alma,
El crepúsculo de
Virbio,
Paraíso imposible,
Trece de diciembre y
Paisajes habitados.
En su obra encontramos al jurista, pero también al hombre
que observa el paisaje, la memoria, las personas y los lugares
que han contribuido a construir su identidad.
Y aquí volvemos nuevamente al Instituto Aguilar y Eslava.
Porque cuando un antiguo alumno convierte en literatura los
espacios en los que se formó, está haciendo algo más que
recordar.
El escritor Max Aub nació en París, hijo de padre alemán y
madre francesa, exiliado en Méjico pero que estudió en
Valencia, nos dejó una frase muy ilustrativa: «Uno es de
donde hace el bachillerato».

Una frase que adquiere especial significado aquí, porque el
Instituto no termina para sus alumnos cuando abandonan
estas aulas. Algo de lo vivido permanece con ellos: los
profesores, los compañeros, las lecturas, las experiencias, y,
sobre todo, una determinada manera de mirar el mundo.
Francisco P. Sánchez Zamorano es un magnífico ejemplo de
esto.

El Instituto Aguilar y Eslava no ha quedado solamente en su
memoria: ha entrado también en su universo literario.
Nuestro Instituto, sus espacios y su memoria han encontrado
un lugar en sus libros. Aquello que durante unos años fue
para él un espacio de formación se ha convertido también,
con la mirada del escritor, en espacio de evocación y
escenario literario.

Por su trayectoria profesional ha recibido diversos
reconocimientos: la Cruz de Segunda Clase de la Orden de
San Raimundo de Peñafort, la Medalla al Mérito de la Guardia
Civil y la Cruz con distintivo blanco de la Orden del Mérito
Policial.

El pasado mes de mayo de 2026, el Pleno del Ayuntamiento
de Rute acordó nombrarlo Hijo Adoptivo, reconociendo su
vinculación a esta localidad con la que mantiene profundos
lazos.

No era la primera vez que la comarca reconocía su
trayectoria. En 2021 había sido distinguido como Hijo
Predilecto de la Subbética, en un reconocimiento que puso de
relieve tanto su relevancia en el ámbito del Derecho como su
dimensión intelectual y literaria.

Pero hoy queremos recibirle, sobre todo, como aquel alumno
que un día ocupó estas aulas y que, muchos años después,
regresa a ellas.

Porque las instituciones educativas se reconocen también en
las personas que pasan por ellas.

Hoy tenemos la satisfacción de que una de ellas vuelva a este
Patio de Cristales.

Y lo hace para hablarnos de unos principios que todavía
queremos transmitir a nuestros alumnos: esfuerzo y
honradez.

Dos palabras sencillas. Pero dos palabras que contienen una
enorme exigencia.

El esfuerzo que nos permite avanzar. Y la honradez que nos
indica cómo debemos hacerlo.

Dos principios que forman parte de la mejor tradición de
Aguilar y Eslava y que dan título a la Lección Inaugural que
vamos a escuchar.

Don Francisco P. Sánchez Zamorano: Gracias por aceptar
nuestra invitación.
Tiene usted la palabra… Muchas gracias.

Presentación de la profesora Antonia Contreras López

Ahora queremos dedicar unas palabras a una persona que durante muchos cursos ha formado parte de este Instituto y que, recientemente, ha iniciado una nueva etapa después de su jubilación.
Me refiero a nuestra compañera y profesora doña Antonia Contreras López.
Finalmente no ha podido acompañarnos presencialmente, como hubiera querido, pero no queremos dejar de tener un recuerdo especial para ella.

La profesora Toñi Contreras, nació en Torredonjimeno (Jaén), es licenciada en Geografía e Historia, con especialidad en Historia del Arte, por la Universidad de Granada.
En 1990 ingresó por oposición en el Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria, iniciando una trayectoria docente que la llevó por distintos centros de Andalucía, entre ellos
Bujalance, Granada, Valverde del Camino y Priego de Córdoba, donde ejerció también responsabilidades de Vicedirectora y Jefa de Departamento.
En 2008 se incorporó al IES Aguilar y Eslava, donde ha desarrollado los últimos dieciocho años de su vida profesional como profesora, tutora y jefa de departamento, hasta su
jubilación en enero de 2026.
Más de treinta y cinco años de dedicación a la enseñanza que hoy queremos reconocer, pero, sobre todo, agradecer.
Toñi Contreras ha dedicado una parte importante de su vida profesional a la enseñanza y, muy especialmente, a una tarea que va mucho más allá de la transmisión de conocimientos: acompañar a sus alumnos y alumnas en una etapa fundamental de sus vidas.
Quienes hemos compartido con ella el día a día del Instituto sabemos que una buena profesora como ella, deja huella.
Y Toñi ha dejado huella. La ha dejado en sus alumnos y alumnas, que durante años encontraron en ella una profesora exigente, comprometida y cercana…
La ha dejado también en sus compañeros y compañeras, con quienes ha compartido cursos, proyectos, preocupaciones y satisfacciones que forman parte de la vida cotidiana de un centro educativo.

Por eso, en este acto solemne de apertura del curso 2026/2027, queremos hacer público nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento por tantos años de dedicación a la
enseñanza y a este Instituto.
Le haremos llegar un pergamino de recuerdo y de
agradecimiento.

Presentación de Rafael Lama Leña (Director-rector 1906-1916)

Hoy incorporamos a la Galería de Directores el retrato de don
Rafael Lama Leña (Director-rector 1906-1916), una
figura que pertenece por derecho propio a la historia del
Instituto Aguilar y Eslava y cuya trayectoria nos permite
acercarnos también a una época especialmente importante de
nuestra institución.
Rafael Lama Leña nació en Cabra el 19 de febrero de 1848.
Su formación fue profundamente humanística y también
estuvo vinculada a los estudios teológicos, en los que obtuvo
el grado de Bachiller. Posteriormente orientaría su trayectoria
académica hacia la Filosofía y las Letras, disciplina en la que
alcanzó la Licenciatura y el Doctorado, obtenido en 1886 con
la calificación de Sobresaliente.
Pero su verdadera vocación fue la enseñanza.
Y, concretamente, la enseñanza de las lenguas clásicas y de la
lengua castellana.
En 1879, fue nombrado catedrático de Latín y Castellano del
Instituto de Badajoz. A partir de entonces comenzaría una
larga trayectoria docente que lo llevaría por diferentes centros
de enseñanza de España.
Pasó por Ávila, Logroño, Segovia, Santander y Gijón,
antes de regresar definitivamente a su ciudad natal. Su
carrera refleja una realidad muy característica de los grandes
profesores de la enseñanza secundaria de aquella época:
hombres de una extraordinaria formación que desarrollaban
su labor en distintos institutos del país, llevando consigo
conocimientos, experiencias y relaciones intelectuales. Y en
todos esos destinos dejó también una huella escrita.
En colaboración con Francisco Franco Lozano, publicó
(Badajoz, 1880)
Trozos selectos de autores clásicos latinos,
sagrados y profanos, obra que recibió el reconocimiento del
Real Consejo de Instrucción Pública como de utilidad para la
enseñanza y mérito para sus autores.
También colaboró en una
Gramática elemental de la lengua
latina y castellana, publicada en Gijón en 1892 y declarada
igualmente obra de mérito por el Real Consejo de Instrucción
Pública.
Son obras que nos hablan de una concepción de la educación
basada en el conocimiento profundo de las lenguas, de la
tradición clásica y de la cultura humanística.
Pero hay otro aspecto de su personalidad intelectual que
resulta especialmente interesante para nosotros. Rafael Lama
Leña fue también lo que hoy llamaríamos “historiador de la
educación”.
Durante su estancia en Gijón publicó en 1902 la
Reseña
histórica del Instituto de Jovellanos de Gijón. El hecho no es
menor. Significa que, además de su práctica docente, sintió la
necesidad de investigar la historia del centro en el que
enseñaba, de recuperar sus documentos, sus protagonistas y
su memoria.
Su trayectoria estuvo también vinculada a otras instituciones
culturales. La documentación oficial de finales del siglo XIX
recoge, entre otros méritos, su condición de correspondiente
de la Real Academia de la Historia, su pertenencia a la
Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la
provincia de Orense, su dirección de la Escuela Provincial de
Artes y Oficios de Orense y diversos reconocimientos
académicos y honoríficos.
Nos encontramos, por tanto, ante un hombre que reunía
varias dimensiones: profesor, humanista, gestor, escritor,
investigador…
Finalmente, después de 25 años de trayectoria, regresó a
Cabra. Regresó a la ciudad donde había nacido. Regresó al
Instituto al que estaba profundamente vinculado.
Y aquí asumiría una de las mayores responsabilidades de su
vida profesional: la dirección del Instituto-Colegio Aguilar y
Eslava. Fue Director-Rector entre 1906 y 1916, durante una
década que dejó una huella visible en la historia material del
edificio.
Durante su dirección se construyó la segunda planta sobre la
antigua zona de Dirección, prolongándose hacia la calle Pepita
Jiménez para configurar la galería de internos.
Y hay una huella de su etapa como director que tenemos aquí
mismo delante de nuestros ojos y que probablemente sea uno
de los mejores testimonios de aquella época: nuestro Patio de
Cristales.
Durante el curso 1912-1913, siendo Rafael Lama Leña
Director-Rector del Instituto, se acometió la decoración del
patio con un magnífico zócalo de azulejos polícromos
realizados mediante la técnica de cuerda seca, con motivos de
lacería de inspiración árabe, obra del reconocido ceramista
trianero Manuel Ramos Rejano. Estos azulejos por tanto
tienen ya más de un siglo (113 años)
Pero sobre todo, puso al servicio del Instituto-Colegio de
Aguilar y Eslava la experiencia y la cultura adquiridas a lo
largo de una dilatada vida profesional.
Hay un detalle de su biografía que me parece especialmente
revelador de su compromiso.
Cuando ya había superado los 70 años, Rafael Lama Leña
solicitó continuar en el servicio activo de la enseñanza. Su
expediente recoge precisamente esta petición.
Ese documento nos demuestra que la enseñanza fue su forma
de vida. Finalmente, en 1918, su expediente registra su
jubilación…
Desde este momento su retrato quedará incorporado a la
Galería de Directores del Instituto Aguilar y Eslava.

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