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Presencia de Dionisio Alcalá Galiano en los documentos del Colegio de la Purísima Concepción de Cabra (1772, 1773 y 1774). Antonio Suárez Cabello

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03.10.26

Dionisio Alcalá Galiano: de colegial de la Purísima a héroe de Trafalgar.

En este mes de octubre queremos recordar la figura de un antiguo colegial de nuestro antiguo Real Colegio de la Purísima que llegó a ser un eminente marino y científico, muerto en la Batalla de Trafalgar: Dionisio Alcalá Galiano.

Nació en Cabra el 8 de octubre de 1760 y murió el 21 de octubre de 1805, al mando del navío Bahama, en la batalla de Trafalgar. Entre ambas fechas su trayectoria fue la de recorrer mares en expediciones científicas, estudiar y publicar algunos de sus trabajos más significativos como «Memoria sobre las Observaciones de Latitud y Longitud en el Mar». Pero antes de todo pasó por el histórico colegio de Cabra, donde estudió entre los mismos muros que hoy albergan el Instituto y Fundación Aguilar y Eslava. Y en nuestro archivo histórico conservamos la huella de su paso por nuestro Colegio de la Purísima.

El 9 de septiembre de 1772, a punto de cumplir doce años, el joven Dionisio se presentó en el cuarto rectoral. Lo esperaban el patrono de sangre, D. Antonio de Vargas, el superintendente eclesiástico, el rector D. Pedro Vázquez de Salazar y los catedráticos D. Andrés de Ayala Moreno y D. José Fuillerat. Tocaba traducir del latín un breviario y un concilio, y volver al latín un texto en romance. Las actas dicen que los aspirantes construyeron sus lecciones «con el mayor arresto y sentido» y fueron aprobados por unanimidad. Ese mismo día obtuvo una de las cuatro becas vacantes para estudiantes de Cabra.

El libro de recepciones lo anota en su folio 32: «Don Dionisio Alcalá Galiano, natural de Cabra, hijo legítimo de Don Antonio Alcalá Galiano y de Doña […] entró con beca de balde y estudió solamente dos años de Filosofía». El escribiente dejó en blanco el nombre de la madre. Hoy podemos completarlo: Dña. Antonia de Alcalá Galiano y Pineda.

La vida del internado no era solo estudio. Las Constituciones repartían entre los colegiales, por turno, los oficios de la casa: el capiller cuidaba el oratorio, el bedel velaba por el orden de las aulas, el refitolero atendía el refectorio y el ministro se ocupaba de los faroles y de las lecturas durante las comidas. El futuro brigadier de la Real Armada aprendió a obedecer y a servir encendiendo las lámparas o a preparar la capilla en el colegio de su ciudad natal.

En los libros de actas y juntas del patronato, encontramos también referencias para seguirle el rastro de su vida colegial. Aprobó el primer curso el 14 de mayo de 1773. El 7 de octubre de ese año, víspera de cumplir los trece, fue declarado «muy suficiente» para continuar. Y el 7 de mayo de 1774 se examinó de los «universales predicables» y del «primer libro de los físicos». Enseñanzas que ya se insertan en las novedades que introdujo la Ilustración y que, muy pocos años después, integrarían al colegio en la Universidad de Granada. Entre sus quince compañeros estaba José María de Güeto y Luque, futuro rector del Colegio y benefactor de su biblioteca, además de influyente presbítero egabrense.

Con ese examen de mayo de 1774 acabó el curso y su etapa en el Colegio. El 29 de agosto de 1775 sentó plaza de guardiamarina en Cádiz. Después vendrían los trabajos cartográficos con Tofiño, el estrecho de Magallanes, la expedición Malaspina y, en 1792, el viaje de las goletas Sutil y Mexicana en busca del paso del Noroeste. Una isla de la costa canadiense lleva hoy su apellido.

Su brillante carrera se vio truncada un 21 de octubre de 1805. A bordo del Bahama, el mismo día de la batalla en la que perdería la vida, escribió y firmó de su puño y letra su testamento. Nuestro archivo conserva también copia de ese documento que, junto a otros elementos ha sido expuesto en alguna ocasión.

En el archivo histórico Aguilar y Eslava conservamos el asiento de su entrada, las actas de sus exámenes, el expediente de limpieza de sangre de su hermano Vicente y la copia del testamento. El Museo Aguilar y Eslava conserva también una copia del retrato que del Museo del Ejército, y le dedicó una placa en el patio de cristales, así como una muestra que sirvió para conocer mejor a este ilustre egabrense bajo el título «Dionisio Alcalá Galiano y su época».

Este octubre, coincidiendo con el inicio de curso y el alumnado llenando las aulas del instituto, merece la pena recordarlo: el marino que cartografió medio mundo empezó estudiando aquí, con once años y un examen de latín, siendo uno de los colegiales que tuvieron beca para poder acceder a los mayores destinos que habría de conocer a lo largo de su vida y carrera profesional.





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