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Galería de DIRECTORES Rafael Lama Leña D. Rafael Lama y Leña
Director del Instituto y rector del Real Colegio de la Purísima Concepción (1906-1916)
Rafael Lama y Leña nació en Cabra y recibió una formación académica particularmente amplia para su época. Su expediente conservado en el Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla acredita su vinculación con los estudios universitarios desde los primeros años de la década de 1870. Cursó Filosofía y Letras, obteniendo la licenciatura en 1877, y posteriormente alcanzó el grado de doctor en 1886 con la calificación de sobresaliente. Su formación no se limitó al ámbito estrictamente universitario, pues también poseía estudios de Sagrada Teología y una profunda preparación humanística. A lo largo de su vida recibiría diversas distinciones y reconocimientos, entre ellos el nombramiento de correspondiente de la Real Academia de la Historia y otras condecoraciones que reflejan la consideración que alcanzó en los ambientes académicos y culturales de su tiempo.
Su carrera profesional comenzó en el último cuarto del siglo XIX y estuvo marcada por una sucesión de destinos en distintos institutos españoles. El 14 de octubre de 1879 tomó posesión de la cátedra de Latín y Castellano del Instituto de Badajoz, después de haber sido nombrado por Real Orden de 23 de septiembre de aquel año. Desde entonces desarrolló una prolongada carrera como catedrático de enseñanza secundaria, pasando por diferentes centros, entre ellos los de Baeza, Cabra, Ávila, Logroño, Segovia, Santander y Gijón. Esta movilidad profesional le permitió conocer de primera mano diferentes modelos de organización de la enseñanza secundaria española y acumular una experiencia que posteriormente tendría una importancia considerable en su labor directiva.
Lama y Leña fue, además, un hombre de letras y un estudioso de la historia de la educación. Su producción escrita demuestra que concebía los institutos no solamente como lugares destinados a impartir enseñanzas, sino como instituciones con una personalidad, una tradición y una memoria que debían ser conocidas y conservadas. Esta preocupación alcanzó una expresión especialmente significativa durante su estancia en Gijón, donde ejerció como catedrático y desempeñó también funciones de secretario del Instituto Jovellanos. En 1902 publicó su Reseña histórica del Instituto Jovellanos de Gijón, obra de considerable interés que constituye todavía una fuente fundamental para conocer la evolución histórica de aquella institución. Su actividad literaria y pedagógica incluyó igualmente trabajos destinados a la enseñanza del Latín y del Castellano, entre ellos obras realizadas en colaboración con Francisco Franco Lozano, como una Gramática elemental de la lengua latina y castellana y una selección de textos clásicos latinos. Su trayectoria muestra, por tanto, la personalidad de un profesor profundamente identificado con las humanidades y con la tradición cultural de los centros docentes en los que ejerció.
En 1904 se produjo un hecho decisivo en su biografía: su regreso definitivo a Cabra. Por Real Orden de 25 de agosto de aquel año fue trasladado, en virtud de concurso, a la cátedra de Latín del Instituto de Cabra, procedente del Instituto de Gijón. Y en 1906 asumió la dirección del Instituto y el rectorado del Real Colegio de la Purísima Concepción, responsabilidades que desempeñó durante una década. Su mandato coincidió con una importante etapa de transformación académica y arquitectónica del centro. Durante estos años se construyó la segunda planta sobre la antigua Dirección y se prolongó hacia la calle Pepita Jiménez la galería destinada a los internos del Real Colegio. Asimismo, en el curso 1912-1913 se acometió la reforma y decoración del Patio de Cristales con los característicos azulejos de lacería árabe realizados por el ceramista trianero Manuel Ramos Rejano.
Como rector, tuvo también bajo su responsabilidad la organización y funcionamiento del Real Colegio y de su internado, mientras que como director presidió la vida académica de un Instituto que constituía un importante centro educativo para Cabra y su comarca. Hombre de profunda cultura y estrechamente vinculado a la vida social y religiosa de la ciudad, participó asimismo en distintas iniciativas culturales y religiosas egabrenses.
En 1916 dejó la dirección y el rectorado, que fueron asumidos por Manuel González-Meneses Jiménez, aunque continuó como catedrático del Instituto hasta su jubilación el 21 de julio de 1918.
Su dirección representa una etapa de consolidación académica y renovación material del Instituto y del Real Colegio, dejando una huella especialmente visible en la configuración arquitectónica y patrimonial del edificio histórico. |